Sorprendentemente, para algunos todavía no está claro cuál es la relación entre el color de la carne de pollo y su calidad.

Tus sentidos también juegan un papel importante. El pollo fresco debe oler fresco y estar firme. Cualquier olor agrio o sulfuroso indica descomposición, independientemente del color. Tras la cocción, el sabor y la ternura son los criterios decisivos, y estas características dependen mucho más de las condiciones de almacenamiento del pollo que de su aspecto en el envase.

 

En definitiva, no existe un color de pollo “ideal”. La mejor opción depende de tus valores, tu presupuesto y el tipo de plato que planees preparar. A veces, la comodidad es clave. A veces, el sabor. A veces, la ética es primordial. Ninguna de estas prioridades se puede determinar por si el pollo es amarillo o blanco. Hay muchas maneras sorprendentes de reconocer una carnicería. El color es solo el principio. El resto depende de ti.

 

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