Sorprendentemente, para algunos todavía no está claro cuál es la relación entre el color de la carne de pollo y su calidad.

Los pollos de color claro suelen asociarse con la cría industrial de animales.

Estos pollos se crían para un crecimiento rápido y máxima productividad. Su alimentación se controla estrictamente para garantizar una ganancia de peso óptima, y ​​los animales suelen vivir en condiciones de hacinamiento. Este sistema permite la producción masiva de pollo a bajo precio, lo que explica la frecuente aparición de carne pálida en los supermercados. Si bien este color pálido no significa necesariamente que la carne sea incomestible o insalubre, refleja un modelo de producción centrado en la velocidad, más que en el bienestar animal.

 

Una gallina amarilla suele indicar un contexto diferente. Haga clic para ir a la página siguiente.

Un color más intenso suele ser el resultado de una dieta rica en pigmentos naturales, como maíz, caléndula u otras plantas que contienen carotenoides. Las gallinas que pasan mucho tiempo al aire libre, buscando alimento en la hierba y comiendo insectos, también tienen más probabilidades de producir carne de color amarillo dorado. Un crecimiento más lento y más ejercicio suelen dar como resultado una carne más firme y sabrosa, lo que muchos describen como el sabor del pollo tradicional.

 

Sin embargo, el color puede ser engañoso. Algunos productores realzan el tono amarillo con piensos especiales, ya que los consumidores asocian este color con una mayor calidad. En este caso, el pollo puede seguir criándose en condiciones intensivas, pero simplemente envasado de forma que parezca más “natural”. Por lo tanto, el color por sí solo no puede determinar con fiabilidad ni las condiciones de vida de las aves ni el sabor de su carne.

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