En personas con presión baja, deshidratación o sensibilidad cardiovascular, estos efectos pueden sentirse con mayor intensidad, especialmente si el baño se realiza en momentos del día donde la presión arterial ya es naturalmente más baja.
Uno de los aspectos más importantes es el factor temperatura, ese contraste entre el agua y el ambiente, si te bañas con agua muy caliente y luego sales a un entorno frío, el cuerpo experimenta un choque térmico.
Este proceso obliga al sistema cardiovascular a trabajar rápidamente para contraer los vasos sanguíneos, regular la temperatura interna, mantener la presión arterial estable.
En personas sensibles, este cambio brusco puede generar escalofríos intensos, palpitaciones, sensación de falta de aire, no es frecuente que cause complicaciones graves en personas sanas, pero sí puede resultar incómodo o provocar caídas si ocurre un mareo repentino.