Bañarse es una rutina diaria que asociamos con higiene, relajación y bienestar, sin embargo, pocas personas se detienen a pensar que la hora del día en que se toma un baño puede influir en cómo responde el cuerpo.
Esto no se trata de supersticiones ni advertencias alarmistas, el riesgo no está en el acto de bañarse en sí, sino en cómo interactúan la temperatura del agua, el momento del día y la condición física de cada persona.
Entender lo que ocurre internamente puede ayudarte a tomar decisiones más seguras para preservar tu salud y lo primero que cambia es la presión arterial.
Cuando el cuerpo entra en contacto con agua caliente, ocurre un proceso llamado vasodilatación. Esto significa que los vasos sanguíneos se expanden para disipar calor, este cambio puede provocar un descenso temporal de la presión arterial, sensación de mareo al levantarse, y en algunos casos debilidad momentánea o visión borrosa.