No heredé nada más que una vieja planta: la verdad que contenía lo cambió todo.

“Tienes que venir. Ahora mismo.”

Cuando llegué a su casa, me explicó que de repente recordó algo que había dicho nuestra suegra: «Mis bienes más preciados están escondidos». Léa había revuelto el apartamento sin encontrar nada.

Entonces su mirada se posó en la planta.

Molesto, volví a casa y con cuidado saqué la planta de la maceta.

La verdad oculta

En el fondo, escondida bajo tierra, había una bolsa de plástico herméticamente cerrada, apta para congelar. Dentro: pesadas monedas de oro antiguas auténticas. Una reliquia heredada de generación en generación, destinada solo para emergencias extremas.

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