La sustancia amarillenta que encontramos en los ojos al despertar se llama legaña o secreción ocular. Está compuesta por una mezcla de lagañas naturales del ojo (moco, grasa, células muertas y pequeñas partículas) que se acumulan mientras dormimos, ya que al estar cerrados los párpados, el parpadeo (que normalmente limpia el ojo) no ocurre.
En general, una pequeña cantidad es completamente normal y parte del proceso natural de limpieza del ojo. Sin embargo, si la secreción es muy abundante, espesa, con mal olor, color muy intenso o acompañada de otros síntomas como picazón, enrojecimiento o visión borrosa, podría ser señal de alguna de las siguientes condiciones:
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Conjuntivitis:Infección o inflamación de la conjuntiva. Puede ser viral, bacteriana o alérgica. La bacteriana suele producir lagañas muy espesas y amarillas.
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Blefaritis: Inflamación del borde del párpado, que puede generar secreciones espesas y costras.
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Ojo seco: En algunos casos, la falta de lubricación hace que el ojo produzca más mucosidad como mecanismo de defensa.
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