2. Camina hacia atrás con seguridad unos pasos.
Caminar hacia atrás no es común, y precisamente por eso es tan revelador. Este movimiento requiere atención, equilibrio, coordinación y buena comunicación entre el cerebro y el cuerpo.
Quienes logran esto con estabilidad tienden a tener un menor riesgo de caídas. Además, esta capacidad refleja una buena función cognitiva, ya que el cerebro necesita procesar la información espacial de forma activa y constante.
La pérdida de esta capacidad suele ser una señal temprana de que el equilibrio y la coordinación necesitan atención.
3. Inclínate hacia adelante y toca los dedos de los pies sin doblar las rodillas.
La flexibilidad no solo se trata de comodidad; es esencial para proteger el cuerpo. Mantener una buena movilidad en la espalda y las piernas facilita mucho tareas sencillas como vestirse, atarse los zapatos o subirse a un coche.
La rigidez excesiva suele ser consecuencia de años de movilidad limitada y falta de estiramiento. Cuando se mantiene la flexibilidad, el cuerpo se mueve con menos esfuerzo, hay menos dolor lumbar y menor riesgo de lesiones.
Esta capacidad indica que sus músculos y articulaciones aún conservan su elasticidad y buena salud.
4. Pararse sobre una pierna durante 30 segundos.
El equilibrio es uno de los pilares de la independencia en la vejez. Pararse sobre una pierna evalúa la fuerza, la coordinación, la estabilidad y la capacidad del sistema nervioso para responder a pequeños desequilibrios.