
Un niño sentado para cenar | Fuente: Midjourney
Lo dejé pasar. Los adolescentes necesitan espacio, ¿no? Eso es lo que dicen todos los libros de paternidad.
Pero entonces empecé a notar otras cosas.
Siempre estaba con el móvil, enviando mensajes a alguien y ocultando rápidamente la pantalla cuando pasaba. Empezó a pedirme ir andando al colegio en vez de dejar que le llevara.
Y empezó a mantener cerrada la puerta de su habitación. Todo el tiempo.
Pensé que era la intimidad normal de un adolescente. Hasta que llamó Rebecca.

Un teléfono sobre un escritorio | Fuente: Pexels
“¿Kate? Soy Rebecca, la profesora de inglés de Liam”.
“¿Va todo bien?”, pregunté, acunando el teléfono entre la oreja y el hombro mientras firmaba un contrato.
“Estoy preocupada por Liam. Sus notas han bajado mucho en el último mes. Ha faltado a dos exámenes y ayer no asistió a clase, aunque la oficina de asistencia lo marcó como presente ese día”.
Se me congeló el bolígrafo. “¿Qué?”.
“Sólo quería comprobar si todo va bien en casa. Liam no es así en absoluto”.