Una herramienta que también piensa en la seguridad
El orificio en el extremo del mango también tiene fines prácticos más allá de cortar clavos.
Pase una cuerda o un llavero por él y, de repente, el cortaúñas será más fácil de agarrar, más fácil de colgar y más difícil de perder. Esta pequeña opción es especialmente útil para quienes tienen dificultad para agacharse, rebuscar en los cajones o manipular objetos pequeños.
Incluso la forma en que la palanca se pliega hacia atrás en el orificio para cerrar la cortadora es intencional. Mantiene los bordes afilados cubiertos, lo que reduce el riesgo de cortes accidentales al meter la mano en un bolso o cajón.
Una vez más, esto es pensar con anticipación: anticipar errores, deslices o limitaciones antes de que sucedan.
Por qué no nos damos cuenta del buen diseño
La ironía del buen diseño es que a menudo pasa desapercibido.
Cuando algo funciona bien, rara vez pensamos en ello. Solo nos fijamos en el diseño cuando falla: cuando una tapa no abre, un asa resulta difícil de agarrar o un botón cuesta pulsar.
Pero los objetos mejor diseñados se desvanecen en el fondo. Se sienten naturales. Intuitivos. Sin esfuerzo.
El cortaúñas es un ejemplo perfecto. Su diseño se ha mantenido prácticamente inalterado durante décadas, no por pereza, sino porque funciona. Cada curva y componente cumple una función que se ha perfeccionado con el tiempo.
En muchos sentidos, representa el mayor elogio que una herramienta puede recibir: la invisibilidad.
El envejecimiento cambia la forma en que vemos los objetos cotidianos