Ante esta situación, su abogado le recomendó negociar y defender su parte. Sin embargo, ella optó por una postura que sorprendió a todos: aceptar sin discutir.
Lo que pocos se imaginaban es que, gracias a su basta experiencia revisando documentos y cuentas familiares, ella conocía detalles importantes sobre la situación financiera real de su esposo.
Algunos bienes estaban asociados a compromisos económicos que no eran evidentes a simple vista. En lugar de reaccionar impulsivamente, decidió enfocarse en asegurar estabilidad y protección a largo plazo para su hijo.
Durante la audiencia final, firmó los acuerdos con serenidad sin titubear una palabra. Para quienes observaban desde fuera, parecía una decisión incomprensible, como era posible que la mujer aceptara sin decir nada.