Después de criarla durante 13 años, mi hija adoptiva me dio un ultimátum en su cumpleaños número 18.

El silencio después de la partida

Cuando se fue con su maleta, la casa volvió a quedar en silencio. Un silencio antiguo, familiar, casi cruel. Más tarde, encontré una nota en su almohada. Unas líneas. Una promesa. Una simple verdad: seguía siendo su madre.

Y finalmente entendí que crecer, para un niño, significa irse… y que ser padre significa aprender que dejar ir no es perder, sino amar diferente.

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