Pensé que era una broma. Entonces vi que le temblaban las manos. No fue algo pasajero. Fue algo planeado. Ensayado. Temido.
Me recordó una frase que le había dicho toda la vida: «A los 18, podrás elegir». Y de repente, esas palabras volvieron a mí como un bumerán.
Una verdad enterrada durante mucho tiempo
Ese día, no estaba sola. Detrás de ella estaba Thomas. Su padre biológico. El que Camille creía que se había ido. El que yo creía ausente por decisión propia.
Tenía pruebas. Cartas. Medidas tomadas. Intentos de contactarlo. Una verdad más matizada e incómoda que la que había aceptado durante años.
Manon había encontrado un expediente. Luego, una carta del juzgado que nunca le había mostrado. Por miedo. Por instinto protector. O por amor maternal, quizá incomprendido.
Amar sin reservas

No estaba enojada porque me quisiera menos. Estaba enojada porque todavía me amaba… y ya no sabía cómo existir sin hacerme daño.
Su ultimátum no fue una expulsión. Fue una petición de espacio. De distancia. De autonomía.
Así que hice lo más difícil de mi vida: acepté.
No sin dolor. No sin lágrimas. Pero con la convicción de que el amor verdadero no se puede forzar.
La receta está comprobada en el sitio web.