La conexión con el mundo físico no se rompe de forma instantánea. Durante los primeros días, el alma suele permanecer cerca de sus seres queridos, observando su dolor y tratando de consolarlos.
Ese lazo invisible está hecho de amor, recuerdos y asuntos pendientes. Muchas personas sienten una presencia sutil:
una calma repentina, un pensamiento insistente o la sensación de no estar solos.
Los primeros tres días: el tiempo de la despedida
Se cree que los primeros tres días después de la muerte son un período de transición. En ese lapso, el alma aún no se ha desprendido por completo del plano terrenal.
Las despedidas pueden manifestarse de distintas formas:
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Sueños muy vívidos
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Recuerdos repentinos
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Sensaciones de calor o protección
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La impresión clara de haber sido visitados
Después de este tiempo, la conexión suele debilitarse, ya que el alma continúa su camino.